jueves, 24 de marzo de 2022

Un viejo neumático a kilómetros

 



Nos sentamos bajo la el radiante sol. La orquesta llenó nuestros oídos y nos quedamos sordos durante varios minutos. El tiempo se detuvo cuando mis ojos y los tuyos chocaron. Una tormenta de relámpagos y destellos salieron desde lo profundo de mi corazón. No deseaba darte lecciones; quería que las lecciones empezarán día a día bajo el calor abrigador de nuestras tazas de té. Soñé que te preguntaba si podíamos salir a caminar juntos. La distancia entre los dos estaba presente y no deseaba que tu sombra estuviera tan lejos. Te respetaba tanto que no podía imaginar siquiera en tomarte de la mano. Podría morir en el momento en que mis dedos se deslizarán entre los tuyos y cada noche revivir bajo tu corazón.

Guardé todos mis sentimientos bajo llave en un sueño profundo y así emprendieras tu viaje por el mundo. Vertí el sonido de una vieja melodía que tenía las coordenadas para encontrar el cofre donde vacié mi corazón. Todas tus cartas llegaron a tiempo mientras recordaste mi dirección. Vi la fotografía de tu mochila estacionada en un restaurante donde vendían los sándwiches de crema de cacahuate con mermelada y decidiste agregar un poco de fruta. Ahí estabas tu con ése delicioso emparedado y me invitaste a que preparará unos para que así pudiera conocer nuevos sabores. Dijiste que en el camino encontraste a una familia de perezosos intentando cruzar la carretera que, el más pequeño de los integrantes se había quedado atorado con un viejo neumático y te preocupaste mucho porque kilómetros atrás venían un grupo de ciclistas y, en agradecimiento te habían invitado a cenar una enorme ensalada de vegetales aliñados con frutos que jamás habías visto en tu vida. En ése momento en que leí tu carta, sentí tantas cosas tan hermosas e imaginé tu preocupación y yo también lo estaba. Seguí leyendo tu carta, después de la cena llegó el postre; pequeños reptiles horneados envueltos en brotes tiernos. Insectos sazonados en flores tropicales que dijiste que fue el mejor platillo que habías probado. He leído que te ofrecieron quedarte a pasar la noche y que te ofrecieron un té de hierbas y con eso dormiste de tirón toda la noche y parte del día. Cuando termino de leer tus aventuras, siento que  formo parte de ellas  y me alegra el corazón saber que haces nuevos amigos y que, tu aventura por descubrir el mundo apenas está comenzando. Adoro tu ímpetu por conocer cada valle y cada rincón que aquél lugar que describes como un paraíso. 

Se escucha un tintineo que me avisa que es momento de guardar a la bailarina de ballet en su caja o perderá las zapatillas. Le he puesto ropa nueva y, me parece que le conseguiré un nuevo amigo. Necesita tener amigos para poder hablar y está tan sola en esa cajita que me regalaste. Mañana intentaré empezar con una nueva lección de piano; le han instalando un pequeño artilugio para que se logré escuchar hasta  donde el viento le permita viajar; tengo fe en que si llega el aire del norte, puedas lograr oír un poco de lo que estoy aprendiendo. Sigo  pensando que los ésos rollitos de reptiles sabrían delicioso con frambuesas y un poco de aceite de bugambilia. Tendremos que prepararlos alguna vez. Los días siguientes estaré esperando con ansias una nueva carta tuya.






La sirena tenía dos opciones, ayudar a su nuevo amigo el dragón o seguir su camino para encontrar a su príncipe. El dragón tenía miedo de utilizar sus alas para volar y no se atrevía a comer  nada por miedo a abrir su grande mandíbula y quemar todo aquello que estaba a su alrededor. Intentó mostrarle al dragón cómo podía abrir sus pequeños brazos para emprender el vuelo. A lo lejos, la bruja observaba todo y envió a un lacayo para que le diera de beber un brebaje que estaba hechizado para que ella pudiera olvidar al dragón y que, siguiera su camino. El dragón era suyo y, mientras no hiciera lo que ella ordenara, el dragón estaba destinado a ser prisionero de un miedo que no se podía ver ni tocar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si quieres decirme algo, aquí es el lugar. Gracias!