Y, así fue como te dediqué las noches, las estrellas y, emprendí a dedicarte mi propio diccionario; donde la letras y las frases se unirían en una obra maestra dedicada para ti. No tenía alas propias por que decidí entregártelas para que tu volarás tan alto como pudieras; que conocieras montañas, ríos y lugares para poder llenar mi libro de memorias. Me corte las ideas para darte mi ingenio y pudieras montar en bicicleta y subirte a aquél buque y atravesar el Canal de Panamá. Nunca me sentí sola por que las estrellas que te acompañaban, venían a mí a decirme que, mi corazón y el tuyo seguía unido para siempre, incluso cuando tu alma descansaba, encontraba a la mía de una única manera.
Yo sé que poco es lo que te admiro. Me preguntó y quiero saber cómo es que te gusta el café en las mañanas y quisiera saber cuál es el sabor de helado que te gusta. Lo siento, sé que son preguntas tan infantiles, pero ayer mientras tomaba la merienda, durante diez segundos detuve mi taza de café y pensé en ti, de nuevo pensé en tus maravillosos ojos llenos de vida y de paz. Me gustaría con todas mis fuerzas saber de qué lado de la cama te gusta dormir y si, haces una oración antes de cerrar tus ojos. Yo pido por ti, por que las flores sigan vivas para cuando nos logremos encontrar. Yo sé que te gustaría jugar vóleibol todos los días del verano. Me gustaría que fuéramos a las montañas y gritar con todas mis fuerzas a la vida por que no llegaste antes al avión para encontrarnos en la plaza y llorar en tus brazos por todas las noches que te necesite y no estabas. Quisiera saber si un día pensaste que el destino se jugó nuestras vidas en un partido de póker y lo perdió.
La sirena encontró en el fondo del mar el corazón de una ágata pura. La magia la sacó a tierra y en el bosque se encontraba. Buscando alguna pista que la llevara hacia donde estaba el príncipe. Dónde podía encontrar las huellas que dejó. No podía encontrarlo. Una brújula abandonada en los escombros encontró. El sol marcó pasadas las cuatro y decidió dar marcha a sus piernas. Caminó y caminó hasta que encontró un dragón que lloraba a la orilla de un río. Decidió darle ayuda y enseñarlo a volar de nuevo. El dragón estaba esclavizado y la bruja malvada lo convenció que sus alas no servían para volar. Eran tan pequeñas que no podían cargar su enorme peso. La sirena decidió emprender un largo viaje en la búsqueda de una solución para su nuevo amigo; aunque esto significaría que dejaría de buscar a su príncipe.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si quieres decirme algo, aquí es el lugar. Gracias!