martes, 5 de abril de 2022

Arcos de Neptuno

 



Querido príncipe, mientras leo tu última carta, he recordado cuando papá decidió ir hacia una nueva aventura. Cuando el tío Fred y papá quisieron que probáramos un artefacto que nos haría recorrer el camino hacia Neptuno. ¿Recuerdas cómo preparamos una pequeña valija con lupas y microscopios y un lente se quebró antes de emprender el viaje?. Recuerdo la emoción cuando vimos las bandas altas de nubes y nos encontramos con una tormenta maravillosa. El calor que sentimos cuando nos aproximábamos y después sentimos frío a medida que el pequeño Fordty avanzaba.  Sentí muy cerca tu mano y, la tía Cleotilde nos vio con el rabillo del ojo y nos hizo un gesto de desaprobación. Nos reímos como si fuéramos unos chiquillos. 

Príncipe, espero con ansias tu regreso, aún sigo pensando si has encontrado la pócima de amor para verterla sobre la galaxia. ¿Crees que podríamos hacer un viaje en el Fordty?, el tío Fred ha dicho que no deberíamos de llevar tantos frascos con luciérnagas por que podríamos generar una catástrofe de luz. 

Desearía de nuevo que entráramos a las profundidades de Neptuno y ver aquéllos cristales. Siento un poco de nostalgia al recordar cómo fue ése día en el que Toby entró a la cueva por que vio como se aproximaba un huracán y, cuando intentó esconderse escarbó en el suelo y desprendió una pequeña roca y con ello, la tierra se movió un poco desencadenando una lluvia de diamantes. Tuviste que ir corriendo hacia nosotros para darnos tu chaquetón favorito y recogimos las piedras más brillantes que pude haber visto jamás. 


Mi momento favorito fue cuando tío Fred nos señaló y dijo que el polo norte se obscurecería y el polo norte nos iluminaría. Sentí cómo mi corazón se aceleró y murió en el mismo segundo. Nuestras miradas chocaron. Formé tu nombre en ése momento en el que el polo norte lo iluminó absolutamente todo. Un canto misterioso nos envolvió y me quedé muda por que deseaba con todas mis fuerzas que tus ojos me observarán y pedirte que besarás mi mano aunque sea por dos segundos más. Papá nos contó una de sus tantas historias de cuando era niño. El juraba que había visto que Neptuno tenía unos pequeños anillos y, nos contó de cuando conoció a mamá y, le pidió matrimonio justamente cuando cayó un satélite. Todos sonreímos y pensamos lo feliz que habíamos sido si mamá hubiera estado presenciando una de las tantas travesías del tío Fred. Me susurraste y dijiste "Ves aquéllos arcos. Le podrán tomar cien años en desaparecer y, aún cuando no lo veamos más, todos sabremos que fueron cien años de haber acompañado a  su  musa y, si un día ya no estoy aquí para gritarle al universo que tú eres mi musa. Quiero que sepas que estaré unido a ti, de la misma manera en que ésos arcos han estado juntos y  si mi corazón llegará  estallar y colisionar, yo formaría un arco nuevo como los de Neptuno".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si quieres decirme algo, aquí es el lugar. Gracias!